
El mundo se une por el Día Internacional del Cáncer Infantil
Cada año, la fecha pone el foco en la necesidad de garantizar diagnóstico temprano, tratamientos adecuados y acceso equitativo a la atención oncológica pediátrica, una deuda pendiente en muchos países.
El 15 de febrero se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil, una jornada instaurada a comienzos de los años 2000 por la Childhood Cancer International, la mayor red global de organizaciones de padres de niños y adolescentes con cáncer. La elección de la fecha respondió a la decisión de establecer un día común que unificara las campañas de concientización a nivel mundial y permitiera visibilizar una problemática que, durante décadas, permaneció en un segundo plano dentro de las agendas sanitarias.
La conmemoración fue creciendo con el respaldo de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y agencias de Naciones Unidas, que comenzaron a incorporar el cáncer infantil dentro de las estrategias globales contra las enfermedades no transmisibles. En 2018, la OMS lanzó la Iniciativa Mundial contra el Cáncer Infantil con el objetivo de alcanzar al menos un 60% de supervivencia mundial para 2030, reduciendo de manera significativa las muertes evitables.
A diferencia de los cánceres en adultos —muchos de ellos asociados a factores de riesgo prevenibles—, el cáncer infantil no puede prevenirse en la mayoría de los casos. Se trata de enfermedades que surgen por alteraciones genéticas que, hasta el momento, no cuentan con estrategias claras de prevención primaria. Los tipos más frecuentes son las leucemias, los tumores cerebrales y los linfomas. Sin embargo, cuando se detectan a tiempo y se accede a tratamientos adecuados, las tasas de supervivencia en países de altos ingresos superan el 80%. El contraste es marcado en regiones con sistemas de salud frágiles, donde el acceso tardío al diagnóstico y la falta de recursos terapéuticos reducen drásticamente esas cifras.
Por eso, el carácter mundial del 16 de febrero no es simbólico sino estratégico. La jornada busca instalar la idea de equidad sanitaria: que el lugar de nacimiento no determine las posibilidades de supervivencia de un niño con cáncer. La brecha entre países desarrollados y en desarrollo expone desigualdades en infraestructura hospitalaria, disponibilidad de medicamentos oncológicos, formación de especialistas y sistemas de acompañamiento psicosocial.
El símbolo de la fecha es el lazo dorado. El color representa la fortaleza, la resiliencia y el valor de los niños que atraviesan tratamientos largos y complejos, así como el compromiso de sus familias y equipos de salud. En hospitales y centros médicos de distintos continentes se realizan actividades de concientización, campañas informativas y acciones solidarias que buscan no solo recaudar fondos, sino también promover el conocimiento de los signos de alerta temprana.
Otro de los ejes centrales de la efeméride es la calidad de vida de los sobrevivientes. Gracias a los avances terapéuticos, cada vez más niños superan la enfermedad, pero muchos requieren seguimiento a largo plazo por posibles efectos secundarios físicos y emocionales derivados de los tratamientos. La atención integral incluye apoyo psicológico, reinserción escolar y acompañamiento social.
El Día Internacional del Cáncer Infantil se ha transformado así en una plataforma global que articula a gobiernos, organizaciones no gubernamentales, profesionales de la salud y familias. Más que una fecha en el calendario, el 16 de febrero funciona como recordatorio de que el cáncer infantil es, en gran medida, una enfermedad curable si existen sistemas sanitarios sólidos y accesibles. La efeméride interpela a los Estados y a la comunidad internacional a sostener políticas públicas que garanticen diagnóstico oportuno, tratamientos seguros y acompañamiento continuo, para que cada niño, sin importar su país de origen, tenga las mismas oportunidades de sobrevivir y proyectar su futuro.
Por: María Lorena Belotti





