Psicología

La tentación de lo superficial Bajada. Lee todo el artículo y te invitamos a reflexionar

Entre la inmediatez del entretenimiento y el desafío de pensar en profundidad, la sociedad contemporánea parece inclinarse cada vez más por lo fácil, lo rápido y lo visible, aun cuando lo verdaderamente transformador suele exigir tiempo, incomodidad y reflexión.

Vivimos en una época donde la atención se ha convertido en un bien escaso. Las pantallas, las redes sociales y la lógica del consumo permanente favorecen contenidos breves, impactantes y simples, diseñados para ser digeridos sin esfuerzo. En ese escenario, lo superficial no solo resulta más atractivo, sino también más rentable. Lo profundo, en cambio, exige pausa, silencio, lectura, escucha y una disposición a cuestionar lo que creemos saber. Y eso incomoda.
La preferencia por lo superficial no es casual ni ingenua. Las cuestiones profundas suelen interpelar estructuras de poder, hábitos arraigados y comportamientos colectivos que sostienen el statu quo. Hablar seriamente de educación, salud mental, desigualdad, vínculos, ética o sentido de comunidad implica asumir responsabilidades, revisar privilegios y aceptar que el cambio no es inmediato ni sencillo. En muchos casos, también implica reconocer errores propios y colectivos. Frente a eso, la distracción funciona como refugio.

Además, la cultura de la imagen y de la validación constante empuja a priorizar lo visible por sobre lo significativo. Importa más parecer que ser, opinar que comprender, reaccionar que reflexionar. Las discusiones profundas no suelen generar likes rápidos ni viralización instantánea. Requieren contexto, matices y, sobre todo, tiempo. En un mundo que premia la velocidad, lo profundo parece lento; en una sociedad que busca certezas rápidas, lo complejo resulta incómodo.
Sin embargo, esta inclinación tiene consecuencias. Cuando lo superficial domina la agenda pública, los problemas estructurales se diluyen o se simplifican hasta perder sentido. Se discuten síntomas, pero no causas. Se atiende la urgencia, pero se posterga lo importante. Así, se perpetúan conductas nocivas, desigualdades y conflictos que podrían abordarse de manera más eficaz si se les dedicara una mirada honesta y profunda.

Elegir lo profundo no significa rechazar el entretenimiento ni lo liviano, sino equilibrar. Implica animarse a ir más allá del titular, del video corto, de la frase hecha. Significa recuperar el valor del pensamiento crítico, del diálogo respetuoso y de la reflexión colectiva. Porque las verdaderas transformaciones sociales no nacen de la superficie, sino de las preguntas incómodas que nos obligan a pensar distinto y a actuar mejor.

Por: María Lorena Belotti

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