Salud

Tomar sol con moderación: un hábito que fortalece los huesos y favorece el bienestar

La exposición controlada a la luz solar aporta beneficios para la salud, aunque los especialistas advierten sobre la importancia de evitar los horarios de mayor radiación

La luz del sol es mucho más que una fuente natural de iluminación. Desde hace décadas, médicos, dermatólogos e investigadores destacan que una exposición moderada y responsable puede aportar beneficios significativos para la salud. La clave está en encontrar el equilibrio entre aprovechar sus efectos positivos y evitar los riesgos asociados a la radiación ultravioleta.

Uno de los principales beneficios del sol es que permite al organismo producir vitamina D, una sustancia esencial para la absorción de calcio y fósforo. Esta vitamina cumple un papel fundamental en el fortalecimiento de huesos y dientes, ayuda a prevenir problemas como la osteoporosis y contribuye al correcto funcionamiento del sistema musculoesquelético. La Organización Mundial de la Salud señala que pequeñas cantidades de radiación ultravioleta son necesarias para que el cuerpo fabrique vitamina D, indispensable para mantener la salud ósea.

Además de su impacto sobre los huesos, niveles adecuados de vitamina D se relacionan con una mejor función muscular y con el correcto desempeño del sistema inmunológico. Diversos estudios también sugieren que la exposición moderada a la luz solar puede influir positivamente en el estado de ánimo, favorecer la regulación de los ritmos biológicos y contribuir a una mejor calidad del sueño.

Los especialistas coinciden en que no es necesario pasar largas horas al aire libre para obtener estos beneficios. De acuerdo con recomendaciones difundidas por organismos internacionales y centros médicos, para muchas personas bastan entre 10 y 30 minutos diarios de exposición en brazos, manos o piernas, dependiendo del tipo de piel, la estación del año y la intensidad de la radiación solar. Exceder ese tiempo no aumenta la producción de vitamina D y, en cambio, incrementa el riesgo de daño cutáneo.

La OMS y asociaciones dermatológicas recomiendan evitar la exposición durante las horas de mayor intensidad solar, especialmente entre las 10 y las 14 horas, cuando la radiación ultravioleta alcanza sus niveles más altos. Por ese motivo, los momentos más seguros suelen ser las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde, cuando el sol es menos agresivo para la piel.

Los dermatólogos remarcan que tomar sol de manera inteligente no significa buscar el bronceado ni exponerse hasta enrojecer la piel. La producción de vitamina D ocurre mucho antes de que aparezcan signos de quemadura. De hecho, una vez alcanzado cierto nivel, el organismo deja de fabricar más vitamina D y la radiación adicional sólo aumenta el riesgo de envejecimiento prematuro de la piel, cataratas y cáncer cutáneo.

Por ello, la recomendación actual es disfrutar del aire libre, caminar, realizar actividad física o permanecer algunos minutos al sol en horarios adecuados, utilizando protección cuando la exposición sea prolongada. La evidencia científica muestra que es posible obtener los beneficios de la luz solar para los huesos, el sistema inmune y el bienestar general sin poner en riesgo la salud de la piel. La moderación, coinciden los expertos, sigue siendo la mejor aliada para aprovechar todo lo bueno que el sol puede ofrecer.

Por: María Lorena Belotti

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba