
Perros de terapia: los “doctores” de cuatro patas que transforman hospitales infantiles
En distintos centros de salud, equipos de terapia canina acompañan a niños en tratamiento, reduciendo la ansiedad y aportando bienestar emocional en momentos difíciles.
En los pasillos de algunos hospitales infantiles, la escena rompe con la rutina habitual de guardapolvos blancos y estetoscopios. Allí, una fila de perros de terapia espera su turno con paciencia, listos para comenzar una jornada tan especial como necesaria. No llevan títulos universitarios, pero cumplen una función clave: llevar alivio emocional a los más pequeños.
Estos animales, entrenados específicamente para el contacto con pacientes, se convierten en un puente entre el miedo y la calma. Su presencia ayuda a transformar momentos de angustia en instantes de alegría, ofreciendo compañía, afecto y una sensación de normalidad en contextos atravesados por tratamientos médicos complejos.
Diversos estudios respaldan los beneficios de la terapia asistida con animales. Se ha comprobado que la interacción con perros puede reducir la presión arterial, disminuir los niveles de ansiedad y favorecer la liberación de oxitocina, conocida como la “hormona del bienestar”. Este impacto positivo no solo alcanza a los niños, sino también al personal de salud, que encuentra en estos encuentros un respiro dentro de jornadas exigentes.
Más allá de los datos científicos, el efecto más visible es inmediato: sonrisas que aparecen donde antes había preocupación. En ese vínculo espontáneo entre el niño y el animal, se construye un espacio de confianza y contención que muchas veces resulta tan valioso como cualquier tratamiento.
La terapia canina se consolida así como una herramienta complementaria dentro del ámbito hospitalario, recordando que la salud también implica bienestar emocional. Y que, en ocasiones, el mejor remedio puede llegar con cuatro patas, una mirada cálida y mucho pelo.
Por: Loli Belotti



