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Salud

Japón supera los 100.000 centenarios: qué enseñan sus hábitos sobre una vida más larga y saludable

Con 107.677 personas de 100 años o más, Japón alcanzó un récord histórico. La alimentación, el movimiento diario y los avances médicos ayudan a comprender este fenómeno.

Japón acaba de alcanzar un hito demográfico que vuelve a poner en el centro del debate mundial una pregunta fundamental: ¿qué factores permiten vivir más años y conservar la salud durante la vejez? El país asiático registró 107.677 habitantes de 100 años o más, una cifra inédita que refleja una tendencia sostenida durante más de cinco décadas y, al mismo tiempo, plantea nuevos desafíos para su sistema sanitario y social.

Los datos difundidos por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar japonés en septiembre de 2026 muestran que la cantidad de centenarios aumentó en 7.914 personas respecto del año anterior. Además, las mujeres representan la mayoría de este grupo: son 94.298, equivalentes al 87,6% del total. Entre las personas más longevas del país se encuentran Fuyo Kishimoto, de 114 años, y Hikaru Kato, de 112.

La evolución resulta notable si se compara con los primeros registros oficiales. En 1963, Japón contabilizaba apenas 153 personas centenarias. Desde entonces, el crecimiento fue constante y convirtió a la longevidad en una de las características más reconocidas de su población.

Sin embargo, alcanzar una edad avanzada no depende de una fórmula única. Los especialistas suelen considerar una combinación de condiciones biológicas, hábitos cotidianos, alimentación, actividad física, prevención y acceso a los servicios de salud. En el caso japonés, varias de estas variables despiertan interés por su posible relación con una mayor expectativa de vida.

Uno de los aspectos más estudiados es la alimentación tradicional. En numerosos hogares japoneses, las comidas incluyen pescado, verduras, arroz, soja y otros alimentos de origen vegetal. El pescado aporta proteínas y ácidos grasos omega-3, mientras que las verduras y las legumbres contribuyen con fibra, vitaminas y minerales. En conjunto, estos alimentos pueden formar parte de un patrón nutricional favorable para la salud cardiovascular y metabólica.

También suele destacarse la presencia del té verde en la vida cotidiana, una bebida que contiene polifenoles con actividad antioxidante. No obstante, ningún alimento ni bebida garantiza por sí solo una vida prolongada. Los beneficios dependen del conjunto de la dieta, las cantidades consumidas, las características individuales y otros factores relacionados con el estilo de vida.

Otro elemento relevante es el movimiento incorporado a las actividades habituales. Caminar para hacer compras, desplazarse hasta una estación de transporte público, utilizar la bicicleta o realizar ejercicios suaves son prácticas que pueden ayudar a conservar la movilidad y la autonomía a medida que pasan los años.

La actividad física regular contribuye a mantener la fuerza muscular, el equilibrio y la capacidad funcional, además de favorecer la salud cardiovascular. En las personas mayores, adaptar el ejercicio a las posibilidades individuales y sostenerlo en el tiempo puede resultar más beneficioso que realizar esfuerzos intensos de manera ocasional. La prevención de las caídas y el mantenimiento de la independencia son objetivos centrales de un envejecimiento saludable.

El acceso a la atención médica constituye otro componente importante. Japón cuenta con un sistema de cobertura sanitaria universal que facilita la consulta profesional, los tratamientos y el seguimiento de distintas enfermedades. La detección temprana, el control de los factores de riesgo y los avances en los procedimientos médicos permiten tratar afecciones que décadas atrás podían reducir considerablemente la expectativa de vida.

A estos elementos se suman los cambios en las condiciones de vida y la nutrición registrados a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. La combinación de mejoras sanitarias, mayor conocimiento sobre prevención y mejores posibilidades de tratamiento contribuyó a que más personas alcancen edades avanzadas.

De todos modos, hay una diferencia fundamental entre vivir muchos años y hacerlo con buena salud. La longevidad no significa necesariamente ausencia de enfermedades, discapacidad o necesidad de asistencia. Por eso, los especialistas distinguen entre expectativa de vida y expectativa de vida saludable: esta última busca medir cuánto tiempo puede una persona conservar su bienestar y su autonomía.

El récord japonés también expone una dificultad creciente. Cerca del 30% de la población tiene actualmente 65 años o más, y las proyecciones demográficas indican que la proporción podría aproximarse al 40% en 2070. Al mismo tiempo, el país registra una natalidad muy baja y una reducción sostenida de su población.

La tasa de fecundidad descendió a 1,14 hijos por mujer en 2025, muy por debajo del nivel aproximado de 2,1 que suele utilizarse como referencia para mantener una población estable sin considerar la migración. Esta combinación de mayor supervivencia y menos nacimientos modifica la estructura de la sociedad y aumenta la presión sobre las jubilaciones, los servicios de salud y los sistemas de cuidados de larga duración.

El desafío no consiste únicamente en sumar años a la vida, sino también en garantizar que las personas puedan atravesar la vejez con dignidad, acompañamiento y oportunidades para seguir participando de la comunidad. Para ello, resulta fundamental fortalecer la prevención, adaptar las ciudades, facilitar el acceso a la rehabilitación y desarrollar redes de apoyo para quienes necesitan asistencia.

La experiencia japonesa ofrece motivos para estudiar la relación entre hábitos saludables, sistemas sanitarios y longevidad, aunque sus resultados no pueden trasladarse automáticamente a otras sociedades. La genética, las condiciones económicas, la cultura, el entorno y las desigualdades en el acceso a la salud también influyen en la manera de envejecer.

Superar los 100.000 centenarios representa un logro extraordinario, pero también una invitación a revisar cómo se organiza la vida en una sociedad cada vez más longeva. Comer de manera equilibrada, mantenerse activo, realizar controles médicos y sostener vínculos sociales son medidas que pueden contribuir a un envejecimiento más saludable, sin prometer resultados idénticos para todas las personas.

La gran lección es que la longevidad no se construye con un secreto aislado, sino a través de múltiples factores que acompañan a las personas durante toda su vida. El reto para Japón y para el resto del mundo será lograr que vivir más tiempo también signifique vivir mejor.

Por María Lorena Belotti

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