
El poder de un abrazo: por qué un gesto simple puede mejorar la salud
Cada 19 de enero se celebra el Día Mundial del Abrazo, una efeméride que pone en foco cómo el contacto humano influye positivamente en la salud física, emocional y mental.
En tiempos marcados por la velocidad, la virtualidad y el distanciamiento emocional, el abrazo recupera su valor como un acto sencillo pero profundamente significativo. El Día Mundial del Abrazo, que se conmemora cada 19 de enero, invita a reflexionar sobre la importancia del contacto humano y su impacto directo en la salud integral. Lejos de ser solo una demostración de afecto, abrazar tiene efectos concretos en el bienestar del cuerpo y la mente.
Especialistas en salud destacan que un abrazo estimula la liberación de oxitocina, una hormona vinculada a la sensación de calma, confianza y conexión emocional. Este proceso ayuda a reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que se traduce en una disminución de la ansiedad y una mejora en el estado de ánimo. Además, el contacto físico favorece la sensación de seguridad y contención, aspectos clave para la salud mental.
Diversos estudios señalan que los abrazos frecuentes pueden contribuir a fortalecer el sistema inmunológico y a mejorar la presión arterial, ya que promueven la relajación del cuerpo. En personas que atraviesan situaciones de duelo, tristeza o soledad, el abrazo funciona como un lenguaje silencioso capaz de acompañar, aliviar y generar alivio emocional sin necesidad de palabras.
La efeméride también invita a repensar los vínculos en una sociedad donde el tiempo y las pantallas muchas veces reemplazan el contacto cercano. Un abrazo oportuno puede mejorar la calidad de las relaciones, reforzar la empatía y generar un impacto positivo tanto en quien lo da como en quien lo recibe. En ese intercambio simple y humano, la salud encuentra un aliado cotidiano que no requiere tecnología ni medicamentos, solo presencia y conexión genuina.
Por: María Lorena Belotti






