
La actividad física es clave para el bienestar integral, pero durante el verano requiere cuidados especiales. Hidratación, horarios adecuados y una alimentación equilibrada son fundamentales para entrenar de manera segura y aprovechar los beneficios del movimiento.
El ejercicio físico es uno de los pilares esenciales para una vida saludable, ya que mejora la salud cardiovascular, fortalece músculos y huesos, y contribuye al equilibrio emocional. Sin embargo, durante los meses de altas temperaturas, realizar actividad física sin las precauciones necesarias puede generar riesgos como deshidratación, golpes de calor o fatiga extrema.
Especialistas en salud y deporte recomiendan adaptar las rutinas de entrenamiento al clima de temporada. Elegir horarios de menor exposición al sol, como temprano por la mañana o al atardecer, es una de las principales medidas de prevención. Además, es indispensable mantener una hidratación constante, incluso antes de sentir sed, y optar por ropa liviana y de colores claros que facilite la transpiración.
La alimentación también cumple un rol clave en el bienestar durante el verano. Consumir frutas, verduras y comidas livianas ayuda a reponer minerales y energía, favoreciendo una mejor recuperación luego del ejercicio. Asimismo, es importante escuchar al cuerpo y disminuir la intensidad de la actividad ante síntomas como mareos, dolor de cabeza o debilidad.
Mantenerse activo en verano es posible y altamente beneficioso, siempre que se realice con responsabilidad. Incorporar estos cuidados permite disfrutar del ejercicio como una herramienta de bienestar físico y mental, promoviendo hábitos saludables que impactan positivamente en la calidad de vida.
Por: Luciano Cirigliano





