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Día Mundial del Alzheimer: recordar también es cuidar

Cada 21 de septiembre, el mundo pone el foco en una enfermedad que afecta la memoria, pero también la autonomía, los vínculos y la vida cotidiana de millones de personas.

Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una fecha destinada a visibilizar una de las enfermedades neurodegenerativas más frecuentes y a promover el conocimiento, la prevención, el diagnóstico temprano, la investigación y el acompañamiento de quienes viven con ella y de sus familias. La jornada fue establecida en 1994 por Alzheimer’s Disease International (ADI), durante la apertura de su conferencia anual en Edimburgo, y desde entonces se convirtió en un momento central de concientización a nivel internacional.

Hablar de Alzheimer es hablar de memoria, pero no solamente de memoria. La enfermedad puede afectar progresivamente el pensamiento, el lenguaje, la capacidad para tomar decisiones y la posibilidad de desarrollar actividades cotidianas de manera independiente. La Organización Mundial de la Salud señala que la enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia y representa aproximadamente entre el 60% y el 70% de los casos. En 2021, alrededor de 57 millones de personas vivían con algún tipo de demencia en el mundo y cada año se producen cerca de diez millones de nuevos casos.

Uno de los grandes desafíos consiste en diferenciar los cambios propios del envejecimiento de aquellas señales que requieren una consulta médica. Olvidar ocasionalmente un nombre o dónde se dejaron las llaves no necesariamente significa que exista una enfermedad. Sin embargo, cuando los olvidos comienzan a interferir con la vida cotidiana, se repiten con frecuencia, aparecen dificultades para realizar tareas habituales, se pierde la orientación en lugares conocidos, cuesta encontrar palabras o tomar decisiones, o se producen cambios importantes en el comportamiento y el estado de ánimo, es conveniente consultar a un profesional de la salud.

El diagnóstico temprano puede permitir comprender mejor qué está ocurriendo, descartar otras causas de los síntomas, planificar cuidados y tomar decisiones cuando la persona todavía puede participar activamente en ellas. También puede facilitar el acceso a tratamientos y estrategias destinadas a preservar durante el mayor tiempo posible la autonomía y la calidad de vida. En este sentido, la campaña mundial de 2026 de Alzheimer’s Disease International pone especialmente el foco en la importancia del diagnóstico y en los avances vinculados con los ensayos clínicos.

Aunque la edad es el principal factor de riesgo conocido, la demencia no constituye una consecuencia inevitable del envejecimiento. La evidencia disponible muestra que existen factores modificables relacionados con el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. La actividad física, una alimentación saludable, no fumar, evitar el consumo nocivo de alcohol, mantener una vida social y cognitivamente activa y controlar adecuadamente la presión arterial, la diabetes, el colesterol y otros factores de salud pueden contribuir a reducir ese riesgo. También es importante atender la pérdida auditiva y visual y reducir, cuando sea posible, la exposición a la contaminación del aire.

En julio de 2026, la OMS publicó una actualización de sus recomendaciones y señaló que hasta un 45% del riesgo de demencia podría estar relacionado con factores modificables y, por lo tanto, ser potencialmente prevenido o retrasado. Esto no significa que el Alzheimer pueda evitarse en todos los casos, ya que intervienen múltiples factores biológicos, genéticos y ambientales, pero sí refuerza la importancia de cuidar la salud cerebral a lo largo de toda la vida.

Detrás de cada diagnóstico existe además una historia personal y familiar. El avance de la enfermedad puede generar una creciente necesidad de asistencia y modificar profundamente la dinámica de quienes acompañan a la persona afectada. Según la OMS, la demencia tiene consecuencias físicas, psicológicas, sociales y económicas tanto para quienes la padecen como para sus cuidadores y familias. Una parte importante de esa tarea de cuidado recae en familiares y personas cercanas, lo que demuestra que hablar de Alzheimer también implica hablar de quienes cuidan.

Por eso, el Día Mundial del Alzheimer no debería limitarse a una jornada de información. También representa una oportunidad para combatir los prejuicios, evitar que una persona sea reducida a su diagnóstico y comprender que detrás de los cambios cognitivos continúa existiendo una persona con una historia, vínculos, emociones, preferencias y derechos. La información adecuada puede ayudar a reconocer las primeras señales, consultar a tiempo y construir redes de acompañamiento.

La investigación científica continúa buscando nuevas herramientas para comprender mejor la enfermedad, detectarla de manera más temprana y desarrollar tratamientos capaces de modificar su evolución. Mientras esos avances se producen, el cuidado de la salud cardiovascular y cerebral, la actividad física, la vida social, la estimulación cognitiva, los controles médicos y la consulta ante cambios persistentes constituyen herramientas importantes para proteger la salud a lo largo de los años.

Este 21 de septiembre, recordar el Alzheimer también significa recordar a quienes viven con la enfermedad, a quienes los acompañan y a quienes trabajan cada día para encontrar respuestas. Porque comprender, diagnosticar, investigar y cuidar también son formas de construir una sociedad más preparada para enfrentar uno de los grandes desafíos de la salud contemporánea.

Por: María Lorena Belotti

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