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Rosca de Pascua a lo argentino: tradición, sabores y el ritual de la mesa familiar

Cada Semana Santa, la rosca de Pascua vuelve a ocupar un lugar central en las mesas argentinas como símbolo de encuentro, celebración y herencia cultural. De origen europeo, esta preparación fue adaptándose con el paso del tiempo hasta adquirir rasgos propios que hoy la convierten en un clásico infaltable de la gastronomía nacional.

La versión argentina de la rosca se distingue por su masa suave y esponjosa, similar a la de un pan dulce liviano, elaborada con harina, levadura, leche, huevos, manteca y azúcar. A diferencia de otras variantes más secas, en el país se prioriza una textura tierna y un sabor delicado, muchas veces perfumado con ralladura de limón, naranja o un toque de vainilla.


Uno de los sellos característicos es su forma circular, que simboliza continuidad y unión, y su decoración abundante. La rosca “a lo argentino” suele cubrirse con crema pastelera casera, dispuesta en gajos o espirales, y se completa con frutas abrillantadas, cerezas, higos o naranjas en almíbar. En algunas versiones más modernas se suman almendras, azúcar granulada o incluso rellenos de dulce de leche, un guiño bien local.
El proceso de elaboración conserva un fuerte componente artesanal. Tras el amasado, la masa necesita tiempo de descanso y levado, un paso clave para lograr la esponjosidad característica. Luego se le da forma, se deja levar nuevamente y recién entonces se decora antes de entrar al horno. El resultado es una rosca dorada, aromática y visualmente atractiva.


Más allá de la receta, la rosca de Pascua representa un ritual familiar. En muchas casas se prepara de manera casera, involucrando a varias generaciones, mientras que en otras se compra en panaderías de barrio que mantienen recetas tradicionales. Se comparte durante el desayuno o la merienda, acompañada de mate, café o chocolate caliente, y marca un momento de pausa y encuentro.
Así, la rosca de Pascua a lo argentino no es solo un producto gastronómico: es una tradición que combina historia, identidad y afecto, y que cada año vuelve a unir a las familias alrededor de la mesa en una de las fechas más significativas del calendario cultural y religioso.

Por: Loli Belotti

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